LA ENTREVISTACon Emanuel Arias Elizondo
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Por Anna Lovelace Patton.

En la tranquilidad de montañas de Londres, enclavada a orillas del río, se encuentra la finca de Emanuel Arias Elizondo.
Anna: Don Emanuel, gracias por hablar conmigo. Tiene una finca solo linda. El sonido de los cascos golpeando el suelo y el olor familiar de pacas de zacate seco, nos dan pistas sobre las criaturas que deambulan por aquí. Cuéntenos un poco sobre su finca.
Emanuel: Este es el campo de entrenamiento para variedades de caballos de razas Costarricense de Paso, Iberoamericanos, Aztecas y Cuarto de Milla. Los preparamos para exhibiciones y rodeos, eventos que resaltan las complejidades de la conexión entre los caballos y las personas.
Anna: ¿Cómo se inició en este trabajo?
Emanuel: Vengo de una familia de entrenadores de caballos y he trabajado con ellos desde que tengo memoria. Uno de mis primeros recuerdos con caballos es de cuando era un chamaco de 8 años, viendo a mi padre encargarse de recibir un caballo recién llegado de Panamá.
El caballo llegó ansioso, agresivo y totalmente descontrolado. En una de tantas se escapó, lo que nos puso a mí y a mi padre a perseguirlo donde se metiera para llevarlo de vuelta a su nuevo hogar. Observé cómo mi padre manejaba la situación con paciencia y compasión, dos cualidades necesarias cuando se trabaja con caballos.
Mi padre se ganó la confianza del caballo, después de ponerse al nivel del caballo angustiado y poner manos a la obra, en el sentido más literal, y lo vimos calmarse tanto que regresó tranquilamente a su nuevo hogar. Fue más tarde cuando descubrimos que el caballo había sido muy maltratado y que su comportamiento era solo un reflejo de este maltrato.
Anna: Parece un recuerdo muy vivo.
Emanuel: Ese recuerdo me enseñó una lección sobre los caballos: que son un espejo para quienes se acercan a ellos.
Anna: ¿Puedes contarnos más sobre esa idea?
Emanuel: Los caballos perciben la energía humana inmediatamente. Perciben la ansiedad, la impaciencia, el miedo o la calma, y la reflejan a través de su comportamiento. Por eso, la paciencia es el requisito más importante para un entrenador de caballos. El resto se consigue con la experiencia, como aprender a interpretar el lenguaje corporal del caballo: el movimiento de la cola, cómo se detiene, la posición de las orejas, la expresión de los ojos, etc.
Anna: He oído hablar de esto. Se llama equinoterapia, ¿verdad?
Emanuel: Correcto. También llevamos 10 años ofreciendo un programa de equinoterapia. Saber interpretar a un caballo y ser sensible con estos animales sensibles, es un requisito crucial. Los niños con trastornos de desarrollo, como el autismo, participan en sesiones de terapia con el apoyo de un equipo multidisciplinario que incluye psicólogos, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas y, por supuesto, caballos.
En un encuentro reciente, un niño de tres años llegó aterrorizado por la colosal criatura que tenía delante. Pero con tiempo, paciencia y un ambiente tranquilo, la sesión se desarrolló poco a poco. Al final, el niño se quedó dormido en el lomo del caballo, una poderosa prueba de la capacidad del animal para ofrecer confianza, regularidad y seguridad emocional.
Los caballos tienen la capacidad de mostrarnos quiénes somos en cada momento, actuando como un espejo de nuestro estado interior. Son muy sensibles y empáticos, y saber esto puede despertar nuestra propia sensibilidad y compasión al colaborar con estos animales. Trabajar con ellos es muy gratificante.
Anna: Apuesto a que usted es una persona tranquila con el resto de asuntos en la vida.
Emanuel: Bueno, eso es mejor preguntarle a mi familia, pero creo que sí.




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